Hoy ha sido el primer turno de los exámenes de selectividad y he vivido en primera persona (y en segunda y tercera, porque he sentido y compartido el sufrimiento, que quizás sea una palabra demasiado grande para esta ocasión, de los muchos compañeros, conocidos y no conocidos, por los cuales he rezado y he pedido oración. En este día he sentido a Dios más que nunca, y quizás no lo he sentido con los pobres sentimientos que he experimentado sino con la Fe, con la confianza que he puesto en mi corazón a Dios, no por mí, por NOSOTROS, por todos; incluso por los que están físicamente lejos o espiritualmente alejados. ¿Por qué? Porque Dios no entiende de distancias, porque Dios ama hasta el extremo más inimaginable a las personas que lo reprimen, que lo expulsan de sus vidas sin saber que no pueden, sin aceptar que puede más el amor Divino que el odio de la humanidad.
No es, ni de lejos, la selectividad el tema central de estas palabras sino que el eje central se riza entorno a la poca confianza que ponemos en Dios. Y, por duro que suene, quizás los que más confianza pongan, más golpes se llevarán en la vida, más pruebas le llegarán y más difícil será su camino. Yo quizás no tenga esa confianza, o sea poca... porque, me resulta, aún (aún porque con su ayuda mejoraré), fácil el camino, demasiado lleno de rosas y facilidades que día a día me entorpecen como persona. Pero no, no podemos quedarnos ahí y os diré el secreto. En esas pruebas que llegan a la persona más justa, más querida por Dios, se adivina la misericordia y fuerzas necesarias para que, con mayor o menor dificultad, siempre dentro del plan del Señor, sean superadas con éxito.
Es decir, podemos no ser justos, y sí, quizás te "vaya bien" en la vida, pero, si no confías en Él, y de verdad eres ruin (cabe decir que la mayoría de los que no confían en él no lo son y muchos de los que dicen confiar sí) no serás verdaderamente feliz, no serás una persona llena, con sus proyectos de vida, con sus inquietudes, con su amor al prójimo de una manera altruista... estarás muerto en vida. Y, aun así, Dios te será propicio y tendrá misericordia contigo porque TE AMA.
Es por eso que, como decía en otras entradas, aceptemos el sufrimiento que pueda venirnos de Dios, sin miedo, sin temor al fracaso, sin odio, con honestidad. Si vosotros dais lo mejor a vuestros padres, o si vuestros padres os dan lo mejor a vosotros, ¿Cuánto más os dará el Padre del cielo? (no recuerdo el pasaje bíblico de esta maravillosa noticia). Os ruego, de rodillas si hace falta, que deis una oportunidad a los injustos mientras que aprendéis de los justos; que deis una oportunidad al pecador mientras aprendéis de los Santos; que améis a las personas como Dios las ama; os suplico que invirtáis vuestro tiempo en escuchar los problemas que tiene la gente día a día y que no tiene a quién contarlos; que visitéis a las personas mayores que estén solas y abandonadas; que podáis dar un "buenos días" a la gente del mundo. Así, estaréis dando gloria a Dios, orando con Él, que poco a poco irá transformando vuestras vidas, siendo felices con el servicio a los demás. Pero sobre todo, perdonad, perdonad a los que os ofendan, sed misericordiosos también y no juzguéis al que por ignorante hace mal a la humanidad. Si encontráis un sacerdote malo, un padre peor, una abuela egoísta, no le gritéis; rezad por ellos, confiad en Dios, encomendad sus almas al que da vida; pedid intercesión a Santa María, dadles un abrazo de amor, una nueva oportunidad con estas palabras que hoy, más que nunca, salen de lo profundo de mi amor a Dios.
No es, ni de lejos, la selectividad el tema central de estas palabras sino que el eje central se riza entorno a la poca confianza que ponemos en Dios. Y, por duro que suene, quizás los que más confianza pongan, más golpes se llevarán en la vida, más pruebas le llegarán y más difícil será su camino. Yo quizás no tenga esa confianza, o sea poca... porque, me resulta, aún (aún porque con su ayuda mejoraré), fácil el camino, demasiado lleno de rosas y facilidades que día a día me entorpecen como persona. Pero no, no podemos quedarnos ahí y os diré el secreto. En esas pruebas que llegan a la persona más justa, más querida por Dios, se adivina la misericordia y fuerzas necesarias para que, con mayor o menor dificultad, siempre dentro del plan del Señor, sean superadas con éxito.
Es decir, podemos no ser justos, y sí, quizás te "vaya bien" en la vida, pero, si no confías en Él, y de verdad eres ruin (cabe decir que la mayoría de los que no confían en él no lo son y muchos de los que dicen confiar sí) no serás verdaderamente feliz, no serás una persona llena, con sus proyectos de vida, con sus inquietudes, con su amor al prójimo de una manera altruista... estarás muerto en vida. Y, aun así, Dios te será propicio y tendrá misericordia contigo porque TE AMA.
Es por eso que, como decía en otras entradas, aceptemos el sufrimiento que pueda venirnos de Dios, sin miedo, sin temor al fracaso, sin odio, con honestidad. Si vosotros dais lo mejor a vuestros padres, o si vuestros padres os dan lo mejor a vosotros, ¿Cuánto más os dará el Padre del cielo? (no recuerdo el pasaje bíblico de esta maravillosa noticia). Os ruego, de rodillas si hace falta, que deis una oportunidad a los injustos mientras que aprendéis de los justos; que deis una oportunidad al pecador mientras aprendéis de los Santos; que améis a las personas como Dios las ama; os suplico que invirtáis vuestro tiempo en escuchar los problemas que tiene la gente día a día y que no tiene a quién contarlos; que visitéis a las personas mayores que estén solas y abandonadas; que podáis dar un "buenos días" a la gente del mundo. Así, estaréis dando gloria a Dios, orando con Él, que poco a poco irá transformando vuestras vidas, siendo felices con el servicio a los demás. Pero sobre todo, perdonad, perdonad a los que os ofendan, sed misericordiosos también y no juzguéis al que por ignorante hace mal a la humanidad. Si encontráis un sacerdote malo, un padre peor, una abuela egoísta, no le gritéis; rezad por ellos, confiad en Dios, encomendad sus almas al que da vida; pedid intercesión a Santa María, dadles un abrazo de amor, una nueva oportunidad con estas palabras que hoy, más que nunca, salen de lo profundo de mi amor a Dios.
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