Hoy he tenido la suerte de encontrar una magnífica conferencia del P. Jorge Loring en Youtube y vengo a transmitirla con alguna pincelada que pueda interesar. En ella se plantea un tema fundamental para todo Cristiano, ya que, ni más ni menos, tiene por tema principal el Cielo y el Infierno; dos conceptos, que son dogma de Fe, de los que se oye hablar muy poco hoy en día -ya podemos imaginar porqué-.
El Cielo está definido en el Catecismo, dicho con mis palabras, como la participación plena de la comunión con Dios; la satisfacción espiritual del encuentro con Dios, del amor recibido de Dios y del amor ofrecido al ser más digno de amor; de la comunión de este gozo con Santa María y todos los Santos del Cielo.
Podríamos decir que el Cielo es la felicidad plena, eterna por medio del amor. ¿Por qué? Pues porque la felicidad tiene ciertas características. En primer lugar, para ser verdadera felicidad no puede ser temporal, es decir, no puede tener una limitación en el tiempo; ha de ser eterna. Esto lo podemos comprender muy bien con el ejemplo que usa el P. Jorge Loring: "si a un invidente le ofrecen la posibilidad de ver con claridad por un día, es obvio que esta persona no será feliz. Menos es nada, pero no será feliz". En segundo lugar, la felicidad verdadera, plena, no es meramente material es más bien espiritual, y, más concretamente es aquella que procede de un acto de AMOR ESPIRITUAL. Para entender que el verdadero amor no es el material/físico, sino el espiritual usaré varios ejemplos de nuestro querido Jesuita. Pensemos en si las prostitutas, esclavas del placer, dinero o de los hombres, son felices; creo que no es menester que profundicemos. Pero más allá, un ejemplo más claro, más correcto políticamente sería que una bofetada en medio de la plaza del pueblo duele menos físicamente que la humillación que en el mismo acto se recibe. Y esto es así de claro. Lo ESPIRITUAL es muy SUPERIOR, en todos los sentidos, a lo material y físico. Por ello, reafirmamos la idea de que el amor espiritual es el más importante, y como buen valor que es, todo el mundo que ame y sea amado será feliz (solo temporalmente) hasta que contemple el Cielo, al mismísimo Dios. Ahí encontrará la felicidad verdadera, eterna, inmutable (como veis, muy platónico).
Pues igual que el amor espiritual da felicidad, el servicio a los demás, la entrega, que es la mayor muestra terrena del amor espiritual es el camino, y digo el camino porque el mismísimo Jesucristo se entregó -y lo sigue haciendo- a los demás.
Del mismo modo, podríamos proceder a identificar el Infierno como la muestra de la no-felicidad eterna. Un horror.
Por todo eso, deseo que seáis felices amando a las personas, entregando vuestro servicio fraterno a los demás, no juzgando a nadie, acogiendo a los hermanos, amando a Dios al fin y al cabo.
"Yo dormía y soñé que la vida era alegría (felicidad). Me desperté y vi que la vida era servicio. Serví y comprendí que el servicio era alegría (felicidad)".
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