El tema que hoy trataremos va muy ligado a mi experiencia personal de estos últimos días. Ha sido una experiencia totalmente nueva para mí, y, sinceramente, lo he pasado mal, pero ahora, he comprendido el porqué. Esto no es de extrañar porque el ser humano suele tener miedo a la novedad. Ni más ni menos, me ha pasado lo siguiente: Dios ha salido a mi encuentro. Y vaya que si me ha encontrado... ha dado, como siempre, de lleno en el clavo, es decir, me ha vuelto a tocar el alma, el corazón.
He sido, últimamente, una persona poco tolerante. No entendía verdaderamente qué supone Dios en la vida del ser humano. Esto es más grande de lo que nos pensamos, eso que no se dude. Todo empezó cuando dije a Dios que me transformara en un vaso nuevo, pero, de verdad, devotamente. Aunque tenga que sufrir, no me importa, le dije. Este paso es fundamental, es decir, no podemos pretender cambiar "las cosas" sin cambiar nosotros mismos. Tan claro como que en la Santa Biblia Jesús nos dice: "¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano". En este mismo orden de cosas, una persona que ha sentido la llamada, como pueda ser mi caso, ha de ponerse delante de Dios y sin titubear, siendo consciente de nuestra dignidad de hijos de Dios, teniendo en cuenta también nuestra pobreza como humanos y nuestra debilidad, decirle: "Padre mío, yo no soy nada, pero te amo, te necesito y te pido humildemente que me vayas transformando aunque haya de sufrir, pero ten paciencia conmigo que soy débil".
Yo no me esperaba lo que me venía encima. Claro, siempre he entendido, y a pesar de todo aún puedo entender a la Iglesia como la perfecta IDENTIDAD con la Iglesia de Cristo. Sin embargo me han desvelado que no es del todo así, sino que, formalmente, teológicamente existe sin más en la Iglesia Católica, y eso es mucho, una subsistencia de TODAS y cada una de las bases de la Iglesia de Cristo, es decir existen TODOS los medios de salvación que Dios por medio de su Hijo dejó como herencia a su Iglesia. Esto me trastocó, porque he de reconocer ante todos que, quizás menos, pero sigo siendo (con la esperanza de poco a poco ir acercándome más a Dios, a la verdad, a la esperanza, al amor, a la caridad, a la Buena Nueva) una persona extremadamente dogmática. Una persona que anteriormente pensaba que fuera de la Iglesia no había salvación posible. Esto no se debe ni se puede maliterpretar, es decir, EL CAMINO de la SALVACIÓN pertenece ÍNTEGRAMENTE a la Iglesia, pero no, no es el ÚNICO camino sino que es el más fiable, con más medios y el ÚNICO, ahora sí, para alcanzar la SANTIDAD PLENA a la que estamos llamados TODOS. A mí estas cosas, me trastocaron, verdaderamente Dios había roto, para bien, mis esquemas. Me estaba haciendo sufrir para convertirme en un vaso nuevo.
He pasado dos días, para mí eternos, de "noche oscura". Donde rezar no calmaba mi sed, no me daba la paz que hasta entonces recibía de Dios por mi oración. Dos días en los que simplemente, y Dios lo sabe, no lo sentía. Me encontraba solo. Buscando soluciones aquí, allá. Pero buenos amigos míos me estuvieron apoyando, diciendo que no temiera, que siguiera adelante. Y ahora, he encontrado mi respuesta en el "Eclesiástico 2". Yo pedí a Dios que me transformara, que me acercara a Él. Y lo ha hecho. No quiere decirse y repito, no se malinterprete el mensaje, que la Iglesia es la ÚNICA instituida por Dios, que es el ÚNICO camino a la SANTIDAD, que sigo amando la Sagrada Liturgia como signo del reino de Dios ya en la tierra, como adelanto de lo celestial, como modo de exposición del Divino Tesoro que Jesús confió a la Iglesia. Pero, dentro de estas verdades que amo, y esto, hoy por hoy, lo siento así, hay algo más importante que Dios quería hacerme entender. Por encima de todo esto está el amor fraterno, la Buena Noticia de la Salvación, una Salvación que teológicamente hablando pueden alcanzar todos los humanos de buen corazón. Porque hasta la religión más alejada de la Cristiana, como pueda ser el Budismo, comparte con nosotros, por pequeña que sea, una mínima base, en este caso la "Fe" en algo (que en nuestro caso es muy concreto) y la creencia en una vida posterior a la muerte, así como una gran importancia al misticismo, a la meditación y a la construcción de un mundo mejor. Esto está contemplado en el mismo CVII (Nostra Aetate).
Sí, esto me trastocó, porque bueno, uno va descubriendo cosas que hacen germinar su Fe, una Fe en Dios que crece sin medida, poco a poco. Y Dios ha querido que me de cuenta de que su Amor puede más que las barreras que nosotros intentamos poner entre Él y las personas. Y me lo ha hecho aprender a fuego, me ha hecho padecer para purificar mi alma, mi ser. Porque Él me ha llamado y me quiere dirigir para hacer de mí instrumento de su amor.
Sin más, y reiterando que no se me malinterprete, que puedo entender que este texto es muy ambiguo, doy gracias a Dios que aún sigue purificándome por todo lo que me ha introducido; introducido en el sentido de que es algo nuevo y que aún he de pulir. Siempre con máxima devoción a la Santa Madre Iglesia Católica y su preciosísima Tradición.
Santa María, Madre de todos los hombres, ruega por nosotros.
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