Hoy es el primer día en el blog y por ello se me ocurren miles de ideas sobre las que escribir, además de otras que ya tenía plasmadas en formato digital.
Podemos, entonces, reflexionar sobre la eutanasia, y por extensión sobre el aborto (del aborto habla, precisamente, la anterior publicación).
En la primera de las entradas, hablaba de que todo ser humano, además de existir, de vivir, quiere vivir BIEN. Bueno, esto puede dar por hecho lo que pueda pensar sobre la eutanasia. Pero, vamos a reflexionar más aún para que no se convierta en algo superficial. Cuando hablo de la eutanasia, no pienso, ni por un instante, en que el paciente (y sus familiares) estén viviendo bien. Igual que, cuando hablo de un padre o madre que tienen un hijo drogadicto, sin futuro, paupérrimo, desgastado, sin educación, ladrón... etc, sé a ciencia cierta que no están viviendo bien. Cuando hablo de vivir bien, hablo, concretamente, sobre la necesidad de "aceptar" los problemas que por H o por B, vivimos a lo largo de nuestro peregrinar en la vida. Sí, pongo "aceptar" entrecomillado porque hago referencia a aceptar con "peros", es decir, con la actitud/esperanza de que la determinada situación a la que nos podamos referir, cambie. Podemos, deducir, entonces, que si el paciente está "vivo" es decir "existe" sin más, nuestra actitud no debe ser otra (aunque suene duro) que la de mantenerle así porque los MILAGROS, señores, SÍ existen! Pero para que lo entendamos mejor, haciendo la comparación de la peor situación que pueda tener un hijo con el paciente terminal, sé que ningún padre, madre o persona humana, mataría o dejaría morir (dejaría por imposible, anulado como persona) a aquél hijo en la PEOR de las situaciones, por muy mala que sea. Del mismo modo, tampoco podemos dejar morir a un paciente por muy dura que sea su situación, porque es PERSONA HUMANA, porque el derecho a la vida ha de primar sobre TODAS LAS COSAS.
Sé que estas palabras suenan muy duras, pero igual que no entendemos que unos padres dejen morir a su hijo (repito y reitero, en las peores situaciones que podáis imaginar) no podemos hacer eso con otra persona de la familia, por muy muy muy mal que esté. "Mientras haya vida, hay esperanza". Perdonen por tan dura argumentación, pero las cosas hay que decirlas con la mayor claridad posible, sin miedo, pero con respeto.
En cuanto al aborto, podríamos decir algo parecido, simplemente se trata de atar cabos y ponerse en la peor situación que pueda vivir la madre embarazada o el hijo cuando nazca, ya sea por situación familiar, ya sea por enfermedad.
Les pido y les ruego, y ruego a Dios por ello también. No quieran convertirse en verdugos legales, en dueños de la vida, porque no , ni ustedes ni yo, lo somos.
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