Piedras turbarán tu precioso camino,
que, llegado el día precioso,
serán cómplices de tu destino
con Dios magnífico y glorioso.
Aprendamos a perdonarlas
que de ellas procede el sufrimiento,
que, Jesús al quererlas y amarlas
salvó tu vida sin resentimiento.
El perdón es dos veces bendito
que, bendice al que lo ofrece
y al que lo ha recibido
porque realmente lo merece.
No te quieras ya rendir,
sufre como el Buen Pastor,
que, no es tan malo el que te hace sufrir
ni tan desgraciado el sufridor.
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