Empecemos con este tema que resulta tan interesante como lo parece. Hoy en día, "gracias" a la globalización presente en la vida mundana, vivimos situaciones tan odiosas como las que en la anterior entrada explico. Esta reflexión que vamos a llevar a cabo, puede ser extensísima porque, podemos apelar a los campos de individualidad como derecho de la persona a la hora de ser juzgada o en este caso prejuzgada, o bien podemos apelar a las modas y corrientes, a la falta de personalidad, y a otros muchos campos, por ejemplo, al campo de las virtudes y defectos de cada uno.
Bueno, vayamos por partes. En cuanto al campo, para mí, antropológico, de la individualidad en tanto en cuanto se critica a un conjunto de personas, es decir se, prejuzga a todos los componentes físicos de cualquier sociedad, grupo o religión, poco tengo que decir porque creo que queda bastante clara mi opinión, extensamente argumentada.
Sin embargo, cuando hablamos de la individualidad, en lo que respectan las modas y corrientes de pensamiento de un momento determinado, la situación se vuelve incluso embarazosa. El mundo se mueve por tendencias en todos los ámbitos, musicales, de moda, de pensamiento, de gustos y de actitudes. Esta situación, es realmente preocupante. La sociedad, en general, sabiendo que hay casos particulares y que quizás pueda estar prejuzgando a un colectivo (cosa que dudo), no tiene personalidad. Ahora el fútbol gusta a todos, y, si no te gusta, eres un bicho raro. A todo el mundo gusta la música de "guateque" solo porque a los demás le gusta también. Sin ir más lejos, el "Gangnam Style" una canción, si es que se le puede llamar así, que ha revolucionado el mundo porque es surrealista, irracional, y alocada. Pero va más allá... cuando esa falta de personalidad, de globalización afecta a la moda del "todo vale", a la moda del relativismo moral, se me hace un mundo con el que no puedo. De nuevo, citando al P. Jorge Loring, encontramos cómo la televisión y gente que se deja llevar por la nada repiten las mentiras tantas veces, que acabamos por creerlas (de ahí el título del blog, "la gota agujerea la piedra a base de caer, no cayendo una sola vez", frase que aprendí de nuestro querido Jesuíta). Para seguir con este ámbito de la reflexión, dejo un vídeo donde está más que explicado. Aún queda un tercer punto por abarcar.
Este último punto es también fundamental para aprender a querernos los unos a los otros. Porque para quererse los unos a los otros, hay que aprender a amarse a uno mismo, siempre sin caer en lo que viene llamándose narcicismo. Todos, SIN EXCEPCIÓN, tenemos unas virtudes y defectos. Pero, parece ser, que no nos conformamos con las virtudes que nos son dadas y queremos a toda costa, usando el medio que sea, llegar a ser como aquel uno o otro. Sí, sin duda es bueno querer imitar las virtudes de otros, pero no podemos llegar a un punto en el que la envidia se convierta en dueña y señora de nosotros, sus esclavos. Aquí viene el punto fundamental. Dios, nuestro Señor, conoce nuestro nombre, nuestro nombre individual, nos conoce enteramente, es decir, sabe nuestras virtudes (porque Él nos las da, y nosotros con esfuerzo las cultivamos) y nuestros defectos. Y, que nosotros, conozcamos y "aceptemos" los defectos que se nos dan, no quiere decir que estemos contentos con ellos, sino que, sabemos que al menos, alguien (Dios) nos quiere tal y como somos, con nuestros más y nuestros menos. Además, hay que tener siempre la actitud correcta de conocer nuestros defectos, aceptarlos y QUERER cambiarlos. Sí, ese es el "truco", querer, de corazón, nada de pamplinas, cambiar nuestros fallos. Ahí está muchas veces la diferencia entre una buena persona y otra que no lo es tanto.
Bueno, este quizás, es uno de los artículos en los que menos hemos reflexionado, uno de los más superficiales, no lo sé. Pero que esto nos haga pensar de verdad, y además de pensar, nos haga llevar a término lo que hemos pensado. Por eso ruego a Dios, que nos conoce INDIVIDUALMENTE, ya que somos ÚNICOS, que nos ofrezca, como siempre hace, las posibilidades que a cada uno interesan, según sus designios (del Señor), para llevar a cabo la tarea que nos corresponde a cada uno, como persona, como hijos suyos.
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