Estos días están siendo, para mí, muy especiales. Muy especiales por varios motivos como puedan ser el fin de curso, la selectividad... Pero sobre todo, muy especiales porque estoy descubriendo más y más a Dios. No puedo explicar con palabras lo que en estos días siento. Me he dado cuenta de que Dios, y la Fe que él nos otorga como hijos suyos, son extremadamente grandes y complejos. Yo, de verdad, estoy cada vez más en comunión con Dios y su Iglesia. Poco a poco voy sintiendo en mi vida una sensación de tranquilidad y paz. Pero no, yo estoy llamado a otra cosa. Estoy llamado a TRANSMITIR ese amor de Dios a las mujeres y hombres del mundo, a sus hijos. A aportar un granito más del Reino de Dios en medio de la humanidad. Sabed que la religión es más humana de lo que parece. Es más "de tú a tú". Un cara a cara con nuestro Padre que nos quiere, que nos da la fuerza con su Espíritu Santo tal y como hemos celebrado en Pentecostés. Que nos regala a su Madre, María Santísima, como Madre de todos los hombres y mujeres.
Esto es muy grande. Es un compromiso con Él y con el prójimo, que, nos ayuda a querernos entre nosotros como Dios nos ama. Hoy puedo decir que somos TODOS hermanos en Cristo. Y a Él doy gracias por todas esas personas que hacen de mi vida, una vida entregada a ellos, a los demás.
Por eso, ruego a Santa María, siempre Virgen, que siga intercediendo por nosotros ante su hijo amado, que siga consiguiendo Gracias a sus hijos. En definitiva, que siga queriéndonos como Madre nuestra que es.
Sancta Maria, mater Dei, ora pro nobis. Trinitas unus Deus, miserere nobis.
Señor Dios nuestro, haz de nosotros instrumento de tu paz. Haznos un vaso nuevo para que de verdad te amemos como hijos tuyos y amemos a la Iglesia que es esposa tuya.
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