No sé como empezar este artículo, pero, intentaremos exponerlo con la mayor claridad posible.
En primer lugar, quiero citar al Reverendo Padre Jorge Loring, Jesuíta español que a sus 91 años sigue dando conferencias y sigue escribiendo artículos, en fin, sigue evangelizando con una fuerza descomunal. Yo soy fiel seguidor suyo, pero, se me hace IMPOSIBLE transmitiros TODAS las actividades, viajes, conferencias, etc. Sin embargo, no se me puede olvidar lo siguiente: ha escrito una ENCICLOPEDIA CATÓLICA: "Para Salvarte", que ha tenido muchísimas ediciones. En fin, toda una eminencia. Por eso quiero agradecerle, y felicitarle y darle la máxima gloria que se le pueda dar a un hombre siempre que esa gloria sea por y para Dios, para el Altísimo. Por eso, podréis notar y usted Padre Jorgen Loring también, que quizás utilizo alguna idea suya, o bueno, muchas. Porque, me parecen tan magníficos sus argumentos... que no puedo quitarlos de mi cabeza. Deben saber que el Padre es un gran entendido en ciencia, una disciplina que me fascina y, por eso, sus argumentos son: MAGNÍFICOS porque como dice usted mismo "la ciencia confirma la Fe". Realmente, no tengo palabras y quiero que eso conste.
Bien, en cuanto al tema que nos concierne hoy, podemos empezar aclarando qué es un prejuicio. Este término no es ni más ni menos, aunque suene a perogrullada, un juicio, un proceso de formación de una idea o concepto sin base, al azar o superficial. Es por tanto, una idea ERRÓNEA sobre una persona ya sea física o jurídica o, simplemente, sobre un colectivo de personas.
Esta idea, equivocada, se debe entre otras cosas a la falta de reflexión, de maduración del propio juicio... es un juicio verde aún. Y, bueno, como bien sabéis, Jesucristo ya dejó bien claro el tema que se trata hoy, pero ya no solo a nivel de prejuicios sino a nivel de juicios: "No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados" (Lc 6:37). Con esto, no digo que ante un caso de asesinato no se pueda juzgar civilmente a la persona, incluso se puede juzgar en la persona la falta de moralidad de un acto. Lo que no se puede hacer es, si esa persona está arrepentida de corazón, negarle el perdón y escribir a fuego su culpa, prejuzgándolo para TODOS sus futuros actos.
El prejuicio, y por extensión, la crítica son fáciles de construir. Pero tan fáciles de construir son, como peligrosos y dañinos resultan para TODOS. Como diría el Padre Jorge Loring, al que he de hacer referencia obligatoria en este tema, es tan fácil criticar con maldad como derribar un castillo de arena en la playa de una sola patada.
Entiendo, si me permiten, que aquella persona que critica o prejuzga, no tiene sentimiento de conciencia, no tiene sensación de alma...
Veamos unos ejemplos notorios. Tenemos la costumbre, mala, de pensar y querer hacer pensar que los funcionarios son gente poco trabajadora, verbigracia, los profesores. Sin embargo, sabemos (y somos conscientes además, que eso es lo realmente preocupante) que no es así. Del mismo modo, mi querida Santa Madre Iglesia, recibe prejuicios y críticas a pares, bueno, a millones de pares. Yo, ahora no quiero entrar en polémicas absurdas, porque basta que empiece a decir argumentos para que ustedes (quienes sea) empiecen a inventar (es decir, proclamar falsos argumentos) para refutar los míos. Simplemente quiero poner el caso del sacerdote de Churra, una persona que poco puedo decir de ella. Solamente sé que se le ha desgraciado la vida primero por un falso testimonio contra él, y después, por prejuzgar los hechos que se le imputaban. Claro, los medios de comunicación no han hecho referencia, y si la han hecho ha sido poca, sobre la falsedad del vídeo. Este es uno de los muchos ejemplos que puedo decir, porque ahora es el mas reciente. Del mismo modo, todos sabemos que dentro de la Iglesia Católica ha habido, y probablemente haya, pederastas. Eso es indiscutible. Pero, ahora, permítanme volver al prejuicio y citaré otro argumento de nuestro queridísimo Padre Jorge Loring. Yo, y qualquiera de ustedes, cuando ve a un padre de familia, no está viendo a un violador. Muy bien, correcto. Pero cuando ven a un sacerdote, muchas personas, a veces sin maldad, otras con mucha ira, ven y quieren hacer ver a un violador, a un ladrón, en fin, todas estas barbaridades. Sin embargo, el mayor índice de violadores es el de padres de familia que violan a sus hijos. ¿Quiere decir esto que hay que ver a los padres de familia como violadores y a los sacerdotes no? Después de este escrito, creo que esa pregunta se puede responder fácilmente. Pero tampoco quiere decir que los que sean violadores hayan de verse exentos de culpa. Simplemente hay que tratar con INDIVIDUALIDAD, un término que en la sociedad global de hoy se nos parece haber olvidado, a cada persona. Cada persona es única, ÚNICA.
Por favor, sean honestos, no critiquen sin amar, traten con individualidad, simplemente hagan con el prójimo lo que les gustaría que hiciesen con ustedes. Ruego a Santa María que les haga recapacitar, que les quite el miedo a reconocer las cosas, a reconocer las verdades, sin miedo, sin orgullo. No nos creamos ya perfectos, estamos en un continuo peregrinar que nos va purificando, que nos va ayudando a ser mejores. No nos quedemos estancados.
Les dejo un vídeo del P. Jorge Loring que tiene mucho que ver con el tema tratado. No tiene desperdicio ninguno.
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