Queridos lectores, como sabemos hay momentos difíciles en la vida; muy duros. Incluso los Cristianos sufrimos muchas veces ya sea por nuestra conducta o por los hechos que acontecen en determinado momento.
Creer en Jesucristo, no es llamarle "Señor", es algo más. En este caso, según la introducción propuesta, creer en Jesús significa ACEPTAR los problemas que puedan venirnos encima. Pero para aceptar los problemas que se nos dan, hay que diferenciarlos de los problemas que creamos o inducimos nosotros, es decir, no es lo mismo "caminar sobre una piscina llena de serpientes",problema inducido, que ir caminando por el bosque, y encontrarte con uno de estos reptiles.
En el primer caso, los problemas tienen un valor humano en el sentido de que los hemos "buscado", por tanto no podemos decir "si Dios fuera bueno... otro gallo cantaría". Eso es evidente. Pero, en el segundo de los casos, Dios, en tanto en cuanto lo aceptas como Salvador y Redentor tuyo, aceptas también sus designios, sus caminos y sus "métodos". (Cabe decir que Dios es siempre el primero en TODO. No somos nosotros quienes por nuestra propia voluntad nos acercamos a Él, sino que Él continuamente nos llama para que nos acerquemos).
Por ello en el caso de inducir problemas, hemos de pedir a Dios honradez para cambiar la actitud, que es una actitud pecaminosa ya que cuando hablo de problemas inducidos cabe perfectamente el PECADO, que además de ser inducido por la condición humana, proviene directamente de Satán. Sí, Satán... es que su arma más "poderosa" es hacer ver que no existe...(ahí os dejo para que reflexionéis).
Pero en el caso de los problemas que nos son dados, si creemos (y hemos de creer para que nos sean dados) son un camino conveniente con el Señor como guía y la Santidad como destino. No sufráis más, de verdad, aceptad los problemas, amadlos... "Lo que no te mata, te hace SANTO" (siempre que aceptemos los problemas que se nos dan y por ende, confíes ciegamente en Dios nuestro Señor).
Rogamos hoy a Santa María, madre de los hombres, madre de Dios, para que interceda por los que sufrimos y nos consiga la fuerza necesaria para evitar el sufrimiento innecesario y aceptar, siempre que sea voluntad de Dios, el sufrimiento que nos es dado para bien nuestro. (De esta "fuerza" hablaremos, probablemente mañana, ya que en la Misa vespertina, se comenzará la celebración de la Solemnidad de Pentecostés). Así sea.
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